Recurrir a la experiencia

Por Valeria Sánchez Michel

En 2015 un joven inglés publicó un video en el que recita a ritmo de rap el sin sentido de lo que aprendió en la escuela. “Don’t Stay in School” [ https://youtu.be/8xe6nLVXEC0] tiene más de 34 millones de vistas, lo que nos habla de que algo de él llamó la atención. No es necesario estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que plantea ni encasillarlo en que solo habla del sistema educativo británico para reconocer que apela a un tema que la investigación educativa de los últimos años ha tratado de comprender: cómo los alumnos encuentran pertinente lo que se les enseña. El rap nos invita a pensar y reflexionar sobre la importancia de hacer conexión entre el conocimiento que impartimos y la realidad en la que viven y crecerán nuestros estudiantes.

Soy profesora, generalmente me toca impartir clases de Historia a alumnos que se encuentran en los primeros años de la carrera y para quienes no le encuentran sentido a llevar la asignatura. Consideran que un economista o un financiero pierde el tiempo con mi materia. Así, desde hace varios años he buscado la forma de encontrar estrategias de aprendizaje que permitan que el alumno se involucre en el proceso de aprendizaje de otra manera. He encontrado en los museos el mejor aliado y por ello quiero reflexionar sobre el papel que estos pueden jugar en el proceso educativo.

Es preciso recordar que los sistemas educativos y los museos nacionales se crearon y se fueron consolidando como parte de los proyectos políticos del Estado-nación (como bien ha estudiado Benedict Anderson en su obra Comunidades imaginadas). Por medio de los sistemas educativos se buscó fortalecer una lengua común, una historia compartida y una identidad nacional. Por medio de los museos se trató de resguardar y consolidar una narrativa hegemónica de lo que es digno de recordar y se considera aporta algo a la identidad de la sociedad a la que pertenecen. Con objetivos distintos, ambos proyectos se complementaban. 

Hay mucho escrito sobre cuál es la relación entre la educación y los museos, de hecho, existen visiones divergentes sobre la misma. Hay quienes consideran que los museos deben ser un apoyo de la educación formal, lo que significaría que los programas y proyectos museísticos tuvieran conocimiento y se relacionaran de alguna manera a los programas y proyectos educativos establecidos. Otros, en cambio, consideran que la parte educativa de los museos es algo que se circunscribe solamente a los servicios educativos que ofrecen y a la mediación que se debe de generar para que las exposiciones o colecciones permanentes sean mejor comprendidas por los niños y jóvenes que visitan los museos. Otros más consideran que el museo es un espacio de educación no formal y que a pesar de que su propuesta es independiente de los programas educativos se pueden crear vínculos y sinergias con las escuelas. Sin entrar en discusión de cómo se relacionan la educación y los museos, quiero hacer énfasis en que todo museo conlleva la transmisión de un saber. Los museos, ya sean de arte o de ciencia, por mencionar algunos, sirven como medios de comunicación de muy diversos contenidos. Por ello, podemos afirmar que todo museo ofrece una experiencia educativa.

Entonces, se puede reflexionar en qué tipo de experiencia educativa es la que ofrece el museo. Proporcionan espacios distintos a un aula (transitables, con posibilidades de interacción y de contemplación, etc.); brindan objetos para observar y algunas veces para manipular, ofrecen la posibilidad de apelar a otros lenguajes muchas veces cargados a la visualidad (algo que parecería que hoy en día adquiere mucha mayor importancia por los dispositivos y la reproductibilidad en la que vivimos). Hay en los museos un sinfín de factores que llevan a que se produzca una experiencia que involucra sensaciones corporales y emociones. 

Como bien ha escrito Jorge Larrosa, hay un uso y abuso de la palabra experiencia en educación (Larrosa, 2006, p. 87), pero no por ello pierde legitimidad y vigencia. Un tema que nos remite a los postulados de John Dewey quien en 1938 publicó su libro Experiencia y educacióny en el que explica que “existe una íntima y necesaria relación entre el proceso de la experiencia real y la educación” (Dewey, 2004, p. 68). Dewey consideraba que era necesario reflexionar y teorizar sobre la experiencia, pues hay incluso experiencias antieducativas. Para él, lo que se debe buscar son experiencias que conlleven a que se desee tener otras así en el futuro. Considero que los museos son esos lugares que tienen el privilegio de generar en sus espectadores experiencias. Es decir, a partir de lo que exhiben y de cómo lo exhiben pueden motivar en sus visitantes la reflexión, la curiosidad y la delectación.

Cada semestre llevo a mis grupos a algún museo. Nunca se repite el lugar o el tema pues depende mucho de las exposiciones temporales que hay o del contenido en clase que estamos viendo. Lo que hago es buscar alguna muestra que nos permita tratar un tema de la clase, realizar la visita (que preparo previamente) y desde ahí abordar temas de clase que seguimos trabajando y profundizando. Algo que siempre me ha sorprendido es cómo la experiencia del museo cambia radicalmente la disposición a aprender y el interés por vincular lo visto con la realidad. El museo apela a la realidad, el hecho de que vean cómo hay algún tema en clase que sale del aula y tiene eco en el programa de un museo hace que adquiera sentido lo visto en clase. Es desde esas experiencias y desde mi interés por profundizar en la enseñanza de la Historia que quiero considerar que para los procesos educativos la experiencia no es menor y la experiencia desde el museo se vuelve trascendental. 

El reto, sin lugar a dudas, es considerar cómo le hacemos para que cualquier museo sea atractivo para un público estudiantil. En general, los museos no tienen entre sus visitantes a niños y adolescentes como un público espontáneo; sin embargo, si es a partir de los museos que podemos motivar el interés por conocer valdría la pena buscar formas para ampliar los públicos, de forma que los niños y los jóvenes asistan con mayor frecuencia. Se trata de pensar el museo como un gran detonante de experiencia y como un generador de sentido al conocimiento. 

Bibliografía:

Dewey, John, Experiencia y educación, Madrid: Biblioteca Nueva, 2004. 

Larrosa, Jorge, “Sobre la experiencia” en Aloma. Revista de Psicología i Ciències de lÉducació, 2006, núm 19, pp. 87-112.